Hoy Santos se juega la última carta para la JEP.

Si hoy la plenaria del Senado no aprueba la ley de procedimiento de la Justicia Especial para la Paz, el gobierno de Juan Manuel Santos no tendría otro chance para aprobarla y, temporalmente, esa jurisdicción podría dictar su propio reglamento.

Por eso es que el Ejecutivo ha tratado de conciliar con el Congreso una salida al proyecto, en una subcomisión liderada por la senadora del Centro Democrático Paloma Valencia.

En esas discusiones que se realizaron el lunes pasado, el ministro del Interior, Guillermo Rivera, dio su brazo a torcer en 24 puntos, pero quedaron dos que a su parecer no pueden aceptarse por inconstitucionales: se trata de la competencia de la JEP para determinar la extradición de miembros de las Farc y la creación de una sala para juzgar a los militares (ver antecedentes).

Sin embargo, propuso discutir en la plenaria de Senadolas propuestas para que “en democracia el Congreso decida”. Al cierre de esta edición el Centro Democrático no había firmado el nuevo informe de ponencia y, sin ese acuerdo, el Gobierno no tendrá mayorías.

Los cambios

EL COLOMBIANO conoció las proposiciones que fueron aceptadas por el Gobierno y que serían aprobadas si se llega a un acuerdo en la subcomisión. Se destacan: la eliminación del lenguaje de enfoque de género -en ninguna parte aparecerá la ya conocida sigla LGBTI-, se incorporaron los derechos al debido proceso, la presunción de inocencia y el buen nombre para los comparecientes como garantía para investigados, en especial terceros. También se le quita competencia a la Defensoría de Familia.

La policía judicial es de la Unidad e Investigación y Acusación y no de la JEP, de este modo actuará con independencia del tribunal transicional, alejando las críticas de una “fiscalía paralela”. Los informes de macrocriminalidad no pueden ser considerados como única prueba contra un acusado y la pérdida de los beneficios por incumplimiento se amplían para todos los comparecientes.

En el caso de los agentes del Estado, el Ministerio de Defensa podrá intervenir; se contempla que ostentan el ejercicio legítimo de la fuerza y, uno de los puntos más importantes, es que sus acciones se presumen legales.

Sobre la extradición, el Gobierno concedió que la JEP no pudiera, en ningún caso, “pronunciarse sobre el fondo del asunto ni sobre la responsabilidad de quien fuera solicitado en extradición”, queda únicamente con el derecho de definir la fecha de la comisión del delito, es decir, si fue antes o después de la firma del Acuerdo de paz.

Por último, se agregaron las versiones voluntarias con valor de confesión en los procesos judiciales, asunto que era exclusivo de la Comisión de la Verdad.

Las opciones

En la plenaria podrían presentarse tres escenarios: el primero, es que no haya acuerdo entre el Gobierno y la subcomisión y se hunda la iniciativa, lo que significaría que la JEP funcionará a su manera.

David Suárez, constitucionalista de la Universidad Eafit, explicó que “la JEP va a seguir funcionando y se va a dictar sus propios procedimientos a través de instructivos y normas internas, pero eso se soluciona con el nuevo Congreso que recibirá otro proyecto de ley”.

El segundo panorama es que haya acuerdo y en la deliberación sobre el tema de la extradición y de los militares gane la propuesta del Centro Democrático, ya que sus mayorías están más consolidadas.

“Como es una ley ordinaria tendría que tener la sanción presidencial, que le tocaría a Santos, quien podría objetarla por razones de inconstitucionalidad o cualquier ciudadano puede demandarla, y así iría a revisión de la Corte, que en condiciones normales la declararía inexequible”, señaló Suárez.

El último escenario es el que el Gobierno desea. Que haya acuerdo y se apruebe la iniciativa sin los dos cambios adicionales, lo que le daría un respiro al Ejecutivo y podría en funcionamiento a la JEP.

El profesor expresó que esto último es lo que en realidad le favorece al acuerdo: “La JEP podría empezar las grandes investigaciones, los grandes juicios, podríamos empezar a ver a Timochenko diciendo la verdad, pidiendo perdón y reparando a las víctimas”.

Si el nuevo Gobierno, una vez resulte el tercer panorama, quiere reformar lo concerniente a la extradición y a la sala para los militares, deberá presentar al Congreso una nueva reforma constitucional, que tiene ocho debates lo que, para Suárez, “no es muy complicado y con las nuevas mayorías es posible hacerlo”.

FUENTE EL COLOMBIANO

Duque, nuevo presidente de Colombia.

Unos veinte minutos antes de que el presidente electo, Iván Duque, subiera a la tarima dispuesta en el Cubo de Colsubsidios, en Bogotá, donde los esperaban cientos de simpatizantes desde las 3:00 pm, una de sus asistentes ubicó un par de hojas manuscritas sobre el atril.

El nuevo mandatario nunca fijó su mirada sobre sus letras. Hizo primero su aparición la vicepresidente electa, Marta Lucía Ramírez, acompañada de su familia. Minutos después, en medio de la euforia apareció Duque, con su mamá, Juliana Márquez y con la nueva primera dama, la también abogada María Juliana Ruiz, y sus tres hijos, Luciana, Eloisa y Matías.

A los niños los ubicaron en sillas de plástico, y se quedaron ahí durante todo el discurso de su papá, que antes de empezar a hablar recibió un par de golpecillos en el pecho de Luis Guillermo Echeverri, “luigi”, su gerente de campaña, que podrían traducirse es un: “se lo dije”… Ese abrazo fue el preámbulo.

Duque dijo que su tarea no era ganar la Presidencia, sino superar los odios y unificar al país, para sacar adelante las reformas que planteó en su programa de gobierno, ‘Construyendo futuro’, en temáticas como emprendimiento, legalidad, salud y equidad.

Estaba escoltado por una veintena de integrantes de su equipo primario. No obstante, en la tarde si estuvieron en el recinto varios dirigentes y políticos, como el excandidato Óscar Iván Zuluaga.

Hasta el final hicieron presencia, pero desde las gradas el exprecandidato Alejandro Ordóñez y varios congresistas de diferentes partidos, especialmente del Centro Democrático, el Conservador y el MIRA.

El expresidente Álvaro Uribe, su mentor, escuchó las palabras de su pupilo desde su finca en Rionegro. “Ni Duquismo ni Petrismo, ahora vamos a trabajar unidos por Colombia”, fue una de las frases que más aplausos generó. Antes de su llegada, la logística pidió a los asistentes no saltar, porque el piso de movía.

Los principales mensajes

El nuevo presidente de Colombia deja tres grandes mensajes: el primero es que será un gobierno de gente joven, con el objetivo de unir al país. “Usó una anáfora (repetición) indicativa: construcción, reconciliación, y sin mirar hacia atrás. Con esto enmarca su estilo de no revanchas y superar la polarización”, explicó Nury Gómez, politóloga de la U. Nacional y especialista en Comunicación Política de la U Eafit.

Agregó que, lo segundo, es que le quitó ejes de campaña a Petro, en reiterar la lucha contra la corrupción, la búsqueda de sostenibilidad ambiental y el compromiso con una reforma rural. El tercer punto, dejó claro que se moverá entorno a la legalidad y la justicia social, con una promesa de no hacer trizas el Acuerdo de paz con la Farc, sino de buscar seguridad y concretar justicia, reparación y no repetición.

“Llama la atención que no mencionó ni llamó al diálogo a Gustavo Petro y el poco agradecimiento a quienes lo apoyaron en segunda vuelta. Interesante el ‘olvido’ de Cambio Radical y apoyos de La U, César Gaviria y el liberalismo (…) fue un discurso ceremonial, pausado y ensayando, con voz calmada, pausas amplias y frases cortadas. Esto se hace con la intención de dejar claridad en que él tomará las decisiones”.

Entretanto, Liliana Gómezdocente de la Maestría en Comunicación Política de la U. Externado, dijo que Duque enfatizó en su discurso en que es él el presidente que ha tenido la más alta votación de la historia, para restar importancia en su falta de experiencia y para mostrar que tiene gobernabilidad. “Insistió en que será un presidente de la unión, que hará que en Colombia quepamos todos”.

Añadió que fue importante que habló de cuidar a los guerrilleros rasos que, según él, tendrán en su gobierno todas las condiciones para su desmovilización y reincorporación. Sin embargo, insistió en que se habrá cambios en la implementación de Acuerdo de La Habana.

“Hizo anuncios importantes, como que cuidará el medio ambiente y asegurará educación universitaria gratuita para estratos 1 y 2. Fue un discurso conciliador y esperanzador, de alguien que quiere enviar un mensaje de tranquilidad. Igual hay que esperar porque él dijo que un presidente no hace milagros”, precisó Gómez.

Reto: la gobernabilidad

En el fondo, el presidente electo, en palabras de Jaime Carrión, docente del área de Partidos Políticos de la U. Nacional, sede Medellín, dejó ver fuertes pretensiones de gobernabilidad y gobernanza. Con apropiación del discurso de otros candidatos, incluso de aquellos que han manifestado su más férrea oposición.

“Su estrategia inicial parece recoger los temas fuertes de sus contrincantes: sostenibilidad ambiental, clase media rural, corrupción y educación gratuita. Sorprendió que la reforma al Acuerdo no fuera dominante en su discurso”,

En contraposición Luis Trejos, docente de Ciencia Política de la U. de Norte, dijo que ganaron los gremios económicos, que recibirán beneficios tributarios, y las maquinarias regionales, “que concentraron sus esfuerzos en un solo candidato y por eso mantendrán sus cuotas”.

Su primer viaje oficial, una vez tome posesión, será a San Andrés y, al día siguiente se desplazará a Tibú, en el Catatumbo. Dos mensajes de unidad, soberanía nacional y lucha desde el primer momento contra la inseguridad.

La aparición pública de Duque en el escenario pudo ocurrir antes, en 2010. Hizo aportes para el programa de Gobierno del candidato Juan Manuel Santos, y cuando este quedó electo, bajo las banderas de la Seguridad Democrática, estuvo en el sonajero para ocupar la cartera de Cultura, pero las intrigas bloquearon esa posibilidad.

En ese momento era el jefe más joven de la División de Cultura, Creatividad y Solidaridad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), donde llegó en 2001 como asesor, recomendado por el ministro de Hacienda, Santos, quien también o tuvo como consultor.

Tuvo que esperar cuatro años más para su epifanía en la política electoral nacional. Pero ese tiempo no fue en vano: logró estrechar su relación humana e ideológica con el expresidente Álvaro Uribe, quien por esos días estaba en Estados Unidos en foros y conferencias.

“Ayúdate que yo te ayudaré”

En agosto de 2010 la ONU creó un comité internacional compuesto por cuatro personas, entre ellas el expresidente Uribe, para que investigaran el ataque israelí contra una flotilla de ayuda a Gaza, que dejó nueve muertos. Uribe, que ya tenía muy buenas referencias de Duque, le pidió que fuera su asesor.

Al tiempo se convirtió en su asistente profesoral en varias universidades norteamericanas. Pese a su cercanía con Santos, prefirió quedarse de lado de Uribe, cuando ambos líderes rompieron cobijas.

Según el senador José Obdulio Gaviria, en ese lapso se formó una estrecha relación de colaboración entre ambos, tanto profesional como política, por los encuentros en ideas liberales y democráticas. “La primera gran discusión sobre la creación del Puro Centro Democrático, como se denominó al inicio, se hizo en Estados Unidos, en 2012”.

Gaviria, quien fue junto al representante por Antioquia, Federico Hoyos, de los primeros en empezar a ventilar una posible candidatura de Duque, desde finales de 2015, recordó que lo conoció en 1997, cuando el Instituto de Estudios Liberales de Antioquia lo invitó a organizar la constituyente liberal, para intentar salvar al partido de los efectos del proceso 8.000. “Desde ese momento se percibía de cultura extensa y pensamiento liberal. Hablaba de los grandes pensadores europeos y norteamericanos. Cualquiera que tuviera contacto con él captaba esa profundidad intelectual”.

En el BID también conoció a una persona clave en su futuro político: Luis Guillermo Echeverri, hijo de Fabio Echeverri, mecenas de Uribe y director ejecutivo designado por el entonces presidente Uribe y quien ahora es su gerente de campaña. Desde ese organismo, donde estuvo hasta el 2013, conoció no solo a los dirigentes del uribismo sino a empresarios y políticos de todo el país, porque las romerías aumentaron en Washington D. C. ante la firma de los tratados de libre comercio.

La epifanía política de Duque

Para los cercanos a Uribe no fue una sorpresa cuando, en 2014, Uribe invitó a Duque a ser parte de la lista cerrado del Senado que él encabezaría, y en la casilla séptima, que le garantizaba su curul. No tenía duda de su potencial, capacidad y proyección política. Otros sectores cuestionaron la buena ubicación de una persona tan joven y desconocida en las lides políticas.

Duque no pudo estar presente en muchas de las actividades de la campaña, entre otras cosas, porque estaba entregando su cargo en el BID. Muchos de sus compañeros de bancada lo conocieron previo al 20 de julio, cuando se reunieron todos los congresistas electos a definir en qué comisión estaría cada uno.

Un detalle no menos importante es que Uribe ubicó a Duque al lado izquierdo de su curul, es decir, a las derecha para las audiencias. Eso le permitió tener mayor visibilidad mediática. Pero el impacto en la opinión y los medios no sería tal si no hubiera estado acompañado de una tarea legislativa rigurosa.

El representante Hoyos afirmó que Iván, como lo llaman sus compañeros, conformó una unidad legislativa muy técnica, que siempre le mantenían en carpetas con proyectos, información de cada debate, cifras y datos actualizados del Banco de la República, de Fedesarrollo, que ayudaron a robustecer los debates que empezó a protagonizar. Incluso, los asesores del Ministerio de Hacienda se sorprendían de que un abogado dominara asuntos económicos del país con tanta profundidad, pero ese también era el reflejo de dos maestrías en EE. UU.

“En 2015 me sugirió que hiciera en la Comisión Segunda un debate sobre la llegada de los venezolanos. Tuvo la capacidad de adelantarse a lo que hoy estamos viviendo. Fue clave en la mitigación de efectos negativos del TLC con Corea. Se lució en los debates de la reforma tributaria, pues advirtió los efectos del aumento de 3 puntos del IVA. Alertó por el aumento de deuda en cuenta corriente y el crecimiento del gasto público. Sacó 5 leyes adelante, estando en oposición”.

Se volvió invitado habitual en espacios de debate, entrevistas y foros. Al tiempo, Duque mantenía la disciplina semanal de escribir, él mismo, no sus asesores, las columnas de opinión para los diarios Portafolio y EL COLOMBIANO.

El plebiscito y su consagración

El 20 de agosto de 2016 el Congreso autorizó al presidente Santos convocar al plebiscito con el cual se pretendía refrendar el Acuerdo al que se llegara en La Habana. Ante lo desventajoso que resultaba dar ese pelea contra el aparato oficial, institucional y mediático, con un umbral a la medida y una pregunta sugerente, tomó fuerza en un sector del Centro Democrático la posibilidad de no participar en el proceso.

Pero en un cónclave de bancada, donde todos expusieron sus argumentos, el senador Duque defendió la necesidad de que el partido hiciera una campaña responsable por el No. Y esa posición se impuso en la votación interna. Desde ese momento se convirtió en uno de los jefes de debate más importantes de esa campaña y le inyectó argumentos económicos y jurídicos.

En la revisión de constitucionalidad del plebiscito, Duque participó en la audiencia pública y alegó vicios procedimentales y sus implicaciones legales. No obstante, la Sala Plena le dio el visto bueno el 19 de julio de 2017, eso sí, dejando claro que no se votaría por la paz, sino por el fin del conflicto con la Farc.

Pese a todo, estaba tan seguro del poder de los argumentos del No, como luego lo estaría de su candidatura, que fue de los pocos dirigentes de ese sector que, en la recta final de la campaña, cuando en todas las encuestas el Sí ganaba por mucha ventaja, decía públicamente que el No ganaría, aunque por estrecho margen, como efectivamente ocurrió el 2 de octubre de 2016.

Su precandidatura ya estaba tomando forma y su visto bueno se lo confirmó al país el expresidente Uribe, de manera implícita, cuando lo nombró como uno de los tres voceros de su partido para la renegociación del Acuerdo, junto a Óscar Iván Zuluaga Carlos H. Trujillo.

Con la firma del nuevo Acuerdo en el Teatro Colón y su posterior refrendación en el Congreso, pese al rechazo de la oposición, no culminó el papel de Duque. Presentó una demanda ante la Corte Constitucional contra el fast track (vía rápida) aprobado para la implementación legislativa, que fue fallada en mayo de 2017 y obligó al Congreso a votar punto por punto los proyectos, y no en bloque, como se disponía.

¿El relevo o el sucesor?

La vocería del No y el control político en el Congreso los alternó con su precandidatura, que se empezó a ventilar en su círculo más cercano a finales de 2015, pero que para la gran mayoría de congresistas, fieles a Zuluaga, era una carrera imposible, porque no tenía base electoral ni estructura política.

Desde dos frentes empezaron a promocionarlo: un grupo de empresarios liderados por Fabio Echeverri, mecenas de Uribe y jefe de debate de su reelección, su hijo Luis Guillermo y la Alicia Arango, exsecretaria privada de la Casa de Nariño en la era Uribe. En el otro plano estaba el Centro de Pensamiento Primero Colombia.

Empezó a realizar unos talleres bautizados ‘construyendo país’. Iba y venía silencioso por diferentes ciudades. No tenía cámaras encima, lo esperaban un par de amigos y ellos mismos lo presentaban ante auditorios pequeños, de máximo 20 personas. Durante 2016 recolectó 5.600 propuestas ciudadanas y, en 2017, con ese insumo escribió dos libros y construyó, un año más tarde, su programa de gobierno.

Pensar que delante de él estaban dirigentes de la talla de Zuluaga, Trujillo y Luis Alfredo Ramos hacía inviable su aspiración, pero hace año y medio le dijo a este diario que no lideraba una campaña improvisada y no buscaba otro cargo.

Ante la polvareda que se armó en julio de 2017, cuando Uribe dijo en Twitter que Daniel Samper era un violador de niños, Duque fue el único alfil del uribismo que no salió en defensa del expresidente. Eso fue aprovechado para que secanos al exmandatario le pidieran que no se fiase del senador, pero este se hizo el de la vista gorda.

Los dos presidenciables no pudieron entrar en la carrera, el primero por el riesgo que se corría con el entramado de Odebrecht vivo, y al segundo porque la Corte Suprema no definió su situación jurídica. Lo primero también le hizo sombra a Duque, porque se conoció que participó en una reunión en Brasil en 2010 con Zuluaga y el publicista ‘Duda’ Mendonça, pero apagó ese incendio porque afirmó que su desplazamiento lo pagó la campaña y nunca se reunión con esa empresa.

Superado ese asunto, empezó a recibir ataque fuertes de varios de sus copartidarios por posturas del pasado frente a temas morales y de coyuntura del país, especialmente del exministro Fernando Londoño, quien lo acusó de ser un “santista camuflado” “mozalbete inteligentón” e, incluso, le sugirió que, si era consecuente, se presentara como candidato independiente. Duque nunca entró en controversias.

Tenía claro que si el mecanismo de elección era una convención, su posibilidades de ser nominado se reducían, y por eso pidió por una consulta abierta. Como ya venía en marcha la alianza entre Uribe, el expresidente Andrés Pastrana y el exprocurador Alejandro Ordóñez, en octubre pasado los precandidatos acordaron que la selección se hiciera a través de encuestas y que quien saliera elegido entraría a consulta en marzo con otros sectores afines.

En la precampaña hubo un momento crítico, en noviembre, por el roce que se presentó con el precandidato Rafael Nieto, por un trino de Duque sobre el agro, que este tuvo que salir a aclarar. No obstante, En las tres mediciones el senador salió en primer lugar en intención de voto. La final se hizo entre el 6 y el 9 de diciembre del año pasado. Obtuvo el 29% de favorabilidad, seguido por Trujillo y Nieto con el 20 %.

Pero eso no fue suficiente. En la medición de Yanhaas del 22 de diciembre pasado, publicada por este diario, quedó de cuarto, con el 6 % entre todos los demás precandidatos. Hasta enero, algunos dirigentes de su partido, insinuaron que había que pensar en el país y que Marta Lucía Ramírez era una buena opción. Ahí siempre aparecía el senador Gaviria como escudo.

Duque no movió en milímetro de su postura inicial y aunque la consulta estuvo a punto de morir porque Ramírez prefería la encuesta y Pastrana no quería a Ordóñez, Uribe logró tirar línea y los tres se matricularon para la consulta del 11 de marzo. Previo a ese momento el expresidente le levantó la mano y lo presentó en múltiples escenarios.

Poco a poco los dirigentes de su partido fueron rodeándolo en la etapa final de la consulta, y se unifico completamente cuando salió victorioso con 4’031.296. Según Gaviria, en la campaña de la consulta Duque logró conectarse con la gente y, luego de la consulta, alzó vuelo propio, tanto que prefirió prescindir muchas veces de su mentor. Hoy empieza su propia historia.

FUENTE EL COLOMBIANO

Colombianos siguen ‘rajando’ al Gobierno Santos.

La última encuesta de Opinión Pública que dio a conocer Yanhaas muestra que un 73% de los colombianos desaprueba la gestión del Gobierno de Juan Manuel Santos, mientras que solos un 19% la aprueba. Según la medición el 4% no aprueba ni desaprueba y el 4% restante no sabe o no responde.

Según el estudio a inicios del 2018 la desfavorabilidad del mandatario estaba en un 76% y alcanzó su pico más alto, 80% el 22 de abril del presente año. La favorabilidad más alta fue registrada el 15 de marzo con un 19%.

El gabinete ministerial no está en una mejor situación, el 73% de los colombianos desaprueba la gestión de los 16 jefes de cartera mientras que solo el 15% aprueba el trabajo. El 6% de los colombianos contestó que le es indiferente la gestión del Gabinete y el mismo porcentaje aseguró que no sabe o no quiso responder a la pregunta.

La implementación del acuerdo entre el Gobierno y la extinta guerrilla de las Farc también tiene números rojos, según la medición el 69% de los colombianos desaprueba la gestión en materia de paz, el 26% la aprueba, al 4% le es indiferente y el 2% no sabe o no responde.

En cuanto al progreso económico la mayoría de los colombianos (89%) sostuvo que el crecimiento está estancado o en retroceso y solo el 10% siente que la situación está mejorando. Sin embargo, llama la atención que el 33% de las familias colombianas sienten que su percepción económica mejora mientras que el 21% no son tan optimistas.

En ese sentido el 76% de los colombianos siente que el país va por mal camino y solo el 18% ve con buenos ojos el avance del país. Por último, frente a las expectativas del país el 41% de los colombianos no se siente ni optimista ni pesimista, mientras que el 25% es optimista y el 32% es pesimista.

FUENTE EL COLOMBIANO

Duque supera a Petro en 18 %, voto en blanco crece.

El sector político de centro, que quedó suelto tras la primera vuelta y que ahora tendría la llave del triunfo en segunda, ha sido más capitalizado en esta etapa final por Iván Duque y el voto en blanco que por Gustavo Petro.

Esa es la conclusión de La Gran Encuesta, realizada por Yanhaas para la alianza de medios, que señala que el candidato del Centro Democrático, con el 52 % de intención de voto, le tomó una ventaja de 18 puntos al de la Colombia Humana, quien sacó el 34 %.

En la anterior medición la diferencia entre el primero y el segundo era de solo 9 puntos. Después de una semana de adhesiones de partidos y dirigentes, Duque creció 17 puntos y Petro, 8 puntos.

Según Oswaldo Acevedo, presidente de YanHaas, la probabilidad de que esas cifras cambien es poca. “Esto viene estable desde el 11 de marzo; las proporciones son muy parecidas. Casi se podría decirque Colombia eligió presidente ese día”.

¿Por qué crece más Duque?
Nicolás Liendo, vicedecano de la Escuela de Política de la U. Sergio Arboleda, manifestó que es muy difícil que Petro pueda torcer los guarismos.

Agregó que Duque ha logrado mantener la ventaja y sumar las maquinarias electorales de los partidos tradicionales, mientras Petro ha despertado más rechazos que adhesiones de los líderes de opinión de su sector político.

Los apoyos que viene recibiendo Duque desde distintos sectores han hecho que crezca significativamente, advirtió Jaime Carrión, docente del área de Partidos Políticos de la U. Nacional. “Petro mantiene un crecimiento importante, aunque no disminuye la distancia con Duque, por lo que es una amenaza seria para este, que no para de crecer”.

No obstante, para Miguel Silva, docente de Ciencia Política de la U. Pontificia Bolivariana, ninguno de los dos candidatos ha logrado aglutinar los votos de la tercería que consolidó Sergio Fajardo en la última semana de campaña.

¿Cómo van las regiones?

La ausencia de Fajardo ha sido aprovechada por Petro en Bogotá, mientras que en Antioquia Duque ahora cuadruplica a su contendor. En la Costa Atlántica Petro le gana por 15 puntos a Duque, mientras que en el Pacífico y el Oriente Duque supera a Petro en 20 y 31 puntos respectivamente.

Según Carlos Arias, docente de la Maestría en Comunicación Política de la U. Externado, las diferencias en la costa a favor de Petro y Antioquia a favor de Duque se mantienen y así seguirán. “Las elecciones se definen en Bogotá y Valle del Cauca”. Añadió que las acciones en terreno, en ciudades como Bogotá y Cali, y sus periferias, son el único chance que tiene Petro para salir a seducir al votante.

¿Crece más el blanco?

La intención por el voto en blanco pasó del 8 % al 14 %. Según Arias, podría dar un mensaje a las elecciones del 2019 para que los independientes tengan más eco. “Si Duque sigue creciendo, también lo hará el voto en blanco”.

Para Silva, este voto podría disminuir, según como se desenvuelva la campaña, aunque posiciones de líderes políticos defendiéndolo lo posicionan como una opción que no se puede subestimar.

FUENTE EL COLOMBIANO

Voto en blanco, necesario, simbólico, pero estéril.

El veredicto de las urnas en la primera vuelta de las elecciones presidenciales dejó como opciones a los candidatos Iván Duque del Centro Democrático y Gustavo Petro de la Colombia Humana. Dos aspirantes con posiciones antagonistas que, en sí mismos, representan la polarización del país. Ese panorama ha generado que el voto en blanco coja fuerza entre quienes no se ven representados, una decisión que deja clara la posición política, pero que en términos prácticos no tiene ningún tipo de efecto.

El asunto es así: de acuerdo con el artículo 258 de la Constitución, “deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una Corporación Pública, Gobernador, Alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría”. Así las cosas, para segunda vuelta esta decisión no tiene efecto.

Los inconformes

Justamente ayer, Humberto De la Calle, quien fue el candidato oficial del Partido Liberal –que ahora está con Duque– anunció una decisión en contravía de su colectividad: votará en blanco. Su argumento es que “ninguna de las dos vías que se abren a los electores me parece óptima”, por lo que consideró esta salida como la más coherente, agregando que las posturas del Centro Democrático por la paz le eran incompatibles.

Lo mismo hizo el candidato de la Coalición Colombia, Sergio Fajardo, quien señaló: “yo votaré en blanco. En la campaña dije que ni Duque ni Petro, y no lo hice como una artimaña estratégica. Lo hice porque pienso que ninguno de los dos representa lo que nosotros queremos para Colombia”. Mientras tanto, en la Alianza Verde y el Polo Democrático, unos se van con Petro y otros se ratifican en el blanco. Ninguno le juega a Duque.

No es poco lo que está en juego, de acuerdo con los resultados de la primera vuelta, en la que participaron 19.336.134 electores, fueron casi siete millones quienes no apoyaron ni a Duque, ni a Petro, y aunque las normas electorales están dadas para que en segunda vuelta los ciudadanos se inclinen por uno de los que queda en disputa, el voto en blanco se ha convertido en la expresión del centro político.

¿Eliminarlo?

En medio de ese debate, surgió la propuesta del magistrado del Consejo Nacional Electoral, Armando Novoa, quien plantea eliminar la casilla del voto en blanco para segunda vuelta. El argumento es que el artículo 190 de la Constitución dice que en caso de que ningún candidato obtenga la mayoría en primera vuelta se hará “una nueva votación (…) en la que sólo participarán los dos candidatos que hubieren obtenido las más altas votaciones”.

A juicio de Novoa, se trata de dos candidatos, no de voto en blanco, y argumenta que por eso no existe la posibilidad de que se repitan las elecciones en segunda vuelta. “Soy el primero en reconocer el valor político del voto en blanco, eso no se puede poner en duda. Pero en este caso se trata de un debate constitucional”, afirmó.

Más allá de lo que considera Novoa, la alternativa del blanco tiene un claro mensaje de rechazo. Así lo plantea Angélica Bernal, directora de Ciencia Política de la Universidad Jorge Tadeo, quien asegura que “este es uno de los mecanismos que establecen las democracias para que la ciudadanía no conforme con los partidos participe en elecciones y exprese su inconformidad. Legitima el sistema, aunque no a sus actores”.

Bernal advierte que “no estoy de acuerdo en quitarlo como opción en segunda vuelta ya que la ciudadanía debe tener herramientas para plantear su rechazo”. En coincidencia está Nicolás Liendo, vicedecano de la Escuela de Política de la Universidad Sergio Arboleda, quien dice que “hay que jugar con las normas acordadas hace tiempo. Lo que hay que pensar es cómo mejorar la participación en el marco de una reforma política integral, por eso no creo que el camino sea su eliminación”.

Decisión política

Seguramente, el tarjetón electoral contará con tres casillas, incluido el voto en blanco que no será más que simbólico. Por eso Adolfo Maya, director maestría en Gobierno de la Universidad Eafit, dice que “en un contexto no democrático ni moderno como el colombiano, el voto en blanco es inocuo, estéril y sin gramática crítica ante las estructuras de poder. Como quedó consagrado en la organización electoral del país, es un disparo de nieve, no genera efecto político, no impacta las estructuras de poder. Es una elección que resulta infértil”.

Por ahora los partidos y los políticos se deslizan hacia alguno de los candidatos a la presidencia (Duque o Petro), unos los hacen por coherencia, otros porque prefieren arrimarse al árbol que mejor sombra da, también están los que no quieren desprenderse de la burocracia o por simple cálculo electoral. Al margen, el voto en blanco parece tomar fuerza, catapultado por posturas como las de De la Calle y Fajardo, quienes consideran que esas opciones no son buenas para el país.

De igual forma ocurre con los ciudadanos, Duque y Petro concentran la intención electoral, pero el blanco se está fortaleciendo y las elecciones del 17 de junio podrían significar un fuerte mensaje político. No se puede esperar más, porque no tiene validez jurídica para obligar a repetir los comicios.

FUENTE EL COLOMBIANO

Antioquia, apegada a la tradición en elecciones.

Históricamente Antioquia ha apoyado a candidatos conservadores, quienes no necesariamente se han postulado en nombre de ese partido, pero defienden los ideales que representa. Es decir: la defensa de la familia, el apoyo a la propiedad privada y la promoción de los valores católicos. El departamento, además, es un objetivo de alto valor electoral, pues es el segundo lugar con mayor potencial de todo el país.

En esta elección, de los 36.227.267 de ciudadanos habilitados para votar, 4.726.629 son paisas. Si se tiene en cuenta el abstencionismo histórico (cerca del 50%), no menos de dos millones acudirán a las urnas el domingo. Según Germán Sahid, profesor de Ciencia Política de la Universidad del Rosario, “Antioquia, Bogotá y la Costa Caribe, son los grandes fortines a la hora de las elecciones”.

En ese sentido, Carlos Arias, docente de la maestría de Comunicación Política de la Universidad Externado, sostiene que en términos de peso electoral “Antioquia ha sido importante para las elecciones nacionales, además su influencia está ligada a la región del eje cafetero: Caldas, Quindío y Risaralda. Es una región conservadora que defiende los valores tradicionales y por eso vota por candidatos que enarbolan ese tipo de banderas”.

La historia

Desde 1994 la inclinación del departamento ha sido por aspirantes de derecha y, al parecer, esta vez, no va a ser la excepción. En 1994 Antioquia votó por Andrés Pastrana, de origen conservador como su papá el expresidente Misael Pastrana, pero en esa ocasión lo hizo a nombre de la Nueva Fuerza Democrática, un movimiento que creó para acoger el respaldo de la colectividad y otras fuerzas políticas, pasando como una candidatura independiente.

Logró una ventaja considerable, al menos en el departamento, contra su contendor Ernesto Samper, aunque este último fue quien llegó a la Presidencia, la región en las urnas reflejó una decisión diferente: de los 845 mil votos en segunda vuelta, Pastrana llevó la mayor parte con 473 mil, (55.9%) y Samper tuvo 360.054 (42.5%).

La tendencia de apoyo a los candidatos de perfil conservador se mantuvo cuatro años después cuando de los 3.613.278 votos que logró Pastrana en primera vuelta 457 mil los aportó Antioquia.

En segunda vuelta el respaldo se multiplicó en el departamento y le significó a Pastrana 886.712 votos con el 62% y, lejos, con el 34% de los votos y quedó Serpa con 484.526.

Fenómeno Uribe

En 2002 el departamento fue protagonista en el triunfo de Álvaro Uribe, esta vez en primera vuelta, de los 5.862.655 apoyos que logró el entonces candidato, 933.161, el 16%, fueron aportados por Antioquia. La diferencia entonces fue radical, Serpa solo tuvo 225.000 votos y Noemí Sanín 138.432. Tan clara fue la tendencia en esta ocasión que el hoy senador Uribe alcanzó el 66% de 1.440.081 votos.

Pareciera que el voto en Antioquia tiene memoria. El fenómeno se repitió cuatro años después, también en primera vuelta. De los 7.397.835 obtenidos por el entonces presidente candidato, 1.108.085 fueron aportados por el departamento, superando de lejos a su contendor Carlos Gaviria Díaz, quien apenas logró 279.775 apoyos y también es originario de la región.

En ese momento el potencial electoral del departamento era de 3.402.177 personas.

La tradición continuó en el 2010 cuando Juan Manuel Santos de origen liberal, pero en esta ocasión de la mano del exmandatario Álvaro Uribe se lanzó en la conquista por la Presidencia.

En esa elección Santos logró en la primera vuelta 6.802.043 apoyos de los cuales 860.424 fueron de Antioquia. La votación con tendencia uribista del departamento se repitió a favor de Santos que dobló a su contendor Antanas Mockus, quien solamente alcanzó 395.390 votos.

La fidelidad del voto antioqueño se puso a prueba en la segunda vuelta. Santos logró 9.004.221 y Mockus 3.588.819. En la región se mantuvo la tendencia, el derrotado fue el profesor y exalcalde de Bogotá, quien planteaba una campaña renovadora, ajena a la política tradicional y catapultada entonces por la Ola Verde, solo tuvo 416.394 votos.

La tradición y fuerza electoral de Uribe se impuso, como de costumbre y fue Antioquia una de las regiones en la que más ventaja logró Santos, quien llegó a 1.227.089 votos.

La prueba de fidelidad

En la segunda elección del hoy presidente Juan Manuel Santos los votos que lo llevaron a ocupar la presidencia en la primera ocasión y que llegaron de la mano de Uribe cambiaron de bando. Nuevamente, mantuvieron la tendencia. En la primera vuelta Zuluaga obtuvo 3.769.005 votos de los cuales Antioquia aportó 665.160. Santos solo 286.742, incluso por debajo de la segunda votación en el departamento que se la llevó Marta Lucía Ramírez con más de 334 mil sufragios.

En la segunda vuelta el apoyo no cambió. De los 6.917.001 obtenidos por Zuluaga, 1.139.007 los aportó el departamento, mientras que de los 7.839.34 obtenidos por Santos solo 704.585 fueron cosecha en tierra paisa. Es decir, menos del 10%.

Los motivos

El director del Observatorio de Procesos Electorales de la Universidad del Rosario, Yann Basset, sostiene que Antioquia es una zona donde el regionalismo es fundamental. En término de votos es el segundo del país con más peso, todos sabemos para dónde se inclina la balanza en ese departamento. Es por eso que en elecciones los sectores conservadores saben que es fundamental obtener un buen resultado en Antioquia que permita llegar a una segunda vuelta en posición favorable.

Según dijo, la región tampoco se puede decir que sea homogénea pues hay una tradición liberal en zonas como Urabá y Magdalena Medio, de hecho Antioquia también pone un número importante de congresistas que son de la colectividad. Pero, para presidenciales, ese sector no se puede considerar determinante.

La abstención

Más allá de la disputa electoral la apatía también ha sido decisiva. Por ejemplo, en el 2002, el potencial electoral superaba por poco los 3 millones. Sin embargo, el total de sufragantes solo llegó al 1.440.081. Es decir, menos del 50% de la población participó, un porcentaje similar al nacional. El fenómeno se repitió en la pasada elección (2014), de los 3.860.184 antioqueños habilitados para participar solo 1.821.368 ejercieron su derecho.

Para Yann Basset, en el departamento de Antioquia “hay una tendencia muy importante a la abstención, particularmente en la elección presidencial, y esto tiene mucho que ver con que en el departamento existe una tendencia, minoritaria, valga decirlo, que no es uribista y que busca una opción y no la encuentra. Una tendencia que el fajardismo no ha logrado capitalizar”.

Por último, Germán Sahid, defiende la posición de los abstencionistas pues “es tan democrático participar como no hacerlo. Además, algo muy colombiano es que desconfía de los líderes políticos que aspiran al poder. El asunto es claro, así lo reflejan los resultados presidenciales”.

Y agrega: “En Antioquia no solo priman los valores morales de la sociedad, también los valores económicos en los cuales se entiende que es la propiedad la que forma ciudadanos”.

FUENTE EL COLOMBIANO