Que tanta información no le enrede la cabeza

Que tanta información no le enrede la cabeza

Al recordar cómo hacía sus tareas en el colegio, a Isabel Marín se le viene a la memoria la biblioteca de su institución. “Antes de irme a la casa buscaba varios libros y si me los podían prestar me los llevaba. Otra manera de consultar eran las dos enciclopedias que compraron en la familia y que consultaba, sobre todo, los fines de semana”.

Su hijo, Tomás Tamayo Marín, de 7 años, quiso contar su propia historia al recordar una tarea específica. “Fue el año pasado descubriendo países del mundo, era un proyecto, me mandaron a hacer una exposición y yo tuve la idea de hacer un libro”, dijo.

A Tomás le correspondió hablar de Italia y de Leonardo Da Vinci y le dijo a su mamá, “necesito ver documentales”. Ellos encontraron uno en Netflix y lo vieron en familia. Además le pidió a su papá el celular para buscar fotos de Da Vinci. “Nosotros teníamos que validar si lo que buscaba era lo correcto porque aparecieron desde librerías hasta restaurantes llamados así”.

El papel cognitivo

Explica Gina Paola Cuartas Montoya, coordinadora de la maestría en Psicología de la salud de la Universidad Cooperativa de Colombia, que de entrada, tanto estudiantes como individuos, estamos sobreestimulados, “los alumnos están recibiendo información por muchos canales representacionales, es decir, de los sentidos”.

Anota la especialista que procesos cognitivos (inmersos en medio de todo lo que tiene que ver con la información) como la atención, la memoria y la concentración están pasando por momentos de hipeestimulación. “Los jóvenes obtienen datos desde lo auditivo, lo visual, lo táctil y lo kinestésico y en ocasiones no logran discernir, de alguna manera, cuál es relevante y cuál no”.

Y eso le pasa a los estudiantes, padres, familias y a la gente en general, de ahí que se haya escogido el término “infoxicación” (ver glosario) para explicar el fenómeno.

A la fecha no son solo los libros, periódicos o revistas las que brindan apuntes de determinado tema, también están los foros, blogs y las redes sociales. Y todo se mueve más rápido y fácil gracias a Internet, más los celulares, las tablets, las aplicaciones de mensajería y el correo electrónico.

¿Ha hecho la cuenta de cuánta cantidad de información recibe a diario? Quizá no sea fácil contarla.

El presidente global de la agencia de comunicaciones BCW y profesor de marketing de la Universidad de Nueva York, Jim Joseph, vino a Medellín a hablar de las particularidades de la “infoxicación”, ya que por un lado se discute el término como si la población estuviera intoxicada con tanta información y, por el otro, se habla del big data (ver glosario) como un gran avance.

Para Joseph es un privilegio tener a la mano tanta disponibilidad, “cuando lo miro desde una perspectiva personal creo que el hecho de tener acceso y tomar decisiones correctas es algo bueno para nosotros, la clave es controlarlo y usarlo de forma correcta”.

Cómo utilizar el material

Mauricio Vásquez Arias, candidato a doctor en Diseño y Creación de la Universidad de Caldas, dice que hay varias formas de depurar esos estímulos que llegan (ver claves) y que se resume en “escoger a quién seguir en redes sociales y qué páginas consultar, buscar personas que sean especialistas e ir a fuentes calificadas”.

Sobre ese último punto, añade Mónica Ilanda Brijaldo Rodríguez, profesora y coordinadora de línea educación y cibercultura de la Universidad Javeriana que, ante todo, dudar es vital, “y si en la fuente en que se busca no hay del todo confiabilidad se puede obtener una idea de dónde seguir. Con mis alumnos trato de establecer criterios, qué te da Google, qué te da Wikipedia y cómo puedes sacar de ahí algo realmente importante para hacer búsquedas mucho mejores, ver las referencias, por ejemplo. Los colegios y universidades siguen teniendo bibliotecas, y se puede ubicar el libro que se cita”.

La docente de la Universidad Cooperativa detalla que lo importante es discriminar, de tanta información que se consigue a la hora de buscar, qué es válido y confiable y qué no. “Es enseñarle a los jóvenes que hay una manera de ser selectivos y es poder ubicar aquellas revistas o ediciones que tienen acceso abierto al público, son publicaciones indexadas que se catalogan así porque tienen un arbitraje y un alto nivel de confiabilidad y validez, pares evaluadores, editores y han pasado por un proceso de filtro científico. Hay que mostrarles a los estudiantes que esa es una buena herramienta a la hora de conseguir información”.

Lo mental y emocional

La entrenadora mental de alto rendimiento, Lali Bustamante, define queel huracán informativo llega al cerebro con una gran cantidad de datos, más fácil y rápido que antes. Para bajarle el acelerador a la mente su recomendación es vivir un día a la vez, “tener una agenda virtual o física para planear por día y no saturarse con actividades que no se van a cumplir. Ahí es importante establecer metas y mantenerse motivado para lograrlas y revisar si realmente lo que se está haciendo a diario lo acerca a su objetivo”. Ella interpreta que como en ocasiones no se sabe a qué prestarle atención, de todo lo que llega, se puede generar una contradicción al escoger lo realmente importante y ahí hay que tener en cuenta las emociones.

Detalla la especialista Cuartas Montoya que, a la hora de recibir datos, “está involucrado el sistema límbico (formado por varias estructuras cerebrales que regulan las respuestas fisiológicas frente a determinados estímulos) con toda la interpretación que se hace de la información. Si impacta directamente lo emocional quedará registrada, si no llega a esos niveles motivacionales, desaparece”.

Y ahí da un ejemplo de algo tan cotidiano como ver un seriado. “Por más que yo les diga a mis estudiantes que tienen que ver determinada serie para hacer análisis clínicos en clase, si no los motiva, si no están conectados emocionalmente con la temática no la van a ver”.

De ahí la importancia que los maestros tengan varias herramientas para despertar el interés de sus alumnos en temas concretos. “Nos toca adaptarnos al contexto para brindar conocimiento. Quien se quede con la sola opción de tablero y tiza le será muy complejo habituarse”.

El papel de los docentes

Cuenta la profesora de la Universidad Javierana que, en su caso y como instructora ha dejado de “pelear” con la tecnología y se ha incorporado dentro del desarrollo de sus clases.

“Tenemos que hacer una incorporación sana de la tecnología en los contextos educativos para que asimismo deje de ser una novedad o el distractor de la clase o el juego que el joven baja. Aprovechar sus habilidades con los celulares y buscar la manera de incorporarlos. Así podemos conseguir que ellos tengan mejores criterios tanto para su manejo como el empleo en los contextos educativos”.

Otro tema crucial es el de las redes sociales “y como se han vuelto unos espacios en los cuales circula mucha información falsa –añade Brijaldo– hay que mirar y hacer que los estudiantes comprendan que no todo lo que pasa por ahí es creíble”.

Su consejo para ellos es aplicable a sus padres y amigos: no replicar o reenviar todo lo que les llega si no se está completamente seguro de que es una información confiable, “se lo digo hasta a mi hija”, confiesa.

El consejo que brinda Joseph en relación con las redes, los datos y la información es usarlo todo “como una manera de mejorar la vida, pero no permitir que nos la maneje. Hay que encontrar el equilibrio. Hoy tenemos acceso a más información que nunca y a la habilidad de tomar mejores decisiones. Si lo único que se hace es mirar el teléfono y textear todo el tiempo, ya es demasiado”.

Por ahora, Tomás y muchos niños más llegarán a casa con las asignaciones en un audio o instrucciones en una aplicación. La forma de estudiar ha cambiado, así como la manera de recibir y buscar información.

FUENTE EL COLOMBIANO